domingo, 3 de febrero de 2013

Capítulo 36

Apenas llegué a casa, lo primero que hice fue subir a mi habitación, ducharme y ponerme el pijama. No sé por que, pero hoy estaba muy cansada. Para cuando volví a mirar el reloj, vi que era las nueve y ni siquiera me importó. Me metí en la cama y cerré los ojos.
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Todo estaba oscuro, estaba sola, necesitaba estarlo, me obligaban a estarlo. Caminaba en círculos, sin saber donde iba, y todo seguí estando oscuro. Salí de la oscuridad, lo raro, es que me veía a mi misma, como si estuviese fuera de mi cuerpo. Había adelgazado mucho, estaba muy desarreglada, estaba cansada, caminaba sin fuerzas, con un bebé en los brazos, mi bebé. Caminaba hasta una puerta, hasta la puerta en la que dejaría a mi bebé. ¿lo más raro? La chica, esa que era mi supuesta yo ni se inmutaba, sin embargo yo estaba angustiada, desesperada, deseosa por ir a recoger a mi bebé de carita desconocida. Pero no sé por que, pero no me podía mover. Llamaba a la puerta y salía corriendo, dejando una nota junto al bebé, la puerta se abría...
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Mi barriga estaba enorme, y la de Aida, mejor ni decir nada. A Aida, se le estaba retrasando el parto. Ya estaba de nueve meses y medio y nada, que el bebé no quería salir. Si no se ponía de parto esta semana, tendrían que hacer cirugía para sacar a mi sobrino, y claro Aida estaba totalmente asustada. Y yo, estaba de ocho meses, con un barrigón que si seguía creciendo, tendría que llamar a la grúa para moverme. Últimamente, no estaba exactamente bien con Zayn... Ya llevábamos juntos un año y cuatro meses. Pero últimamente, estábamos todo el tiempo peleados, y creo que por lo único que sigue viniendo a verme es por el bebé. Cuando pienso esto, siento envidia de mi propio hijo/a. Pienso que ya no me quiere, y mis ojos se empiezan a volver aguosos. Ya a penas me besa, apenas se acerca a mí, y siempre me castigo con la culpa de el "la culpa la tienes tú". Cuantas veces en el último mes he pensado en quitarme la vida, y no lo he hecho por mi hijo, por que el no tiene la culpa de nada.
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Zayn estaba en frente de una casa desconocida, abrazando a una chica. Y yo a pocos metros de ellos empecé a llorar y a andar como pude hasta casa, llorando. Vi como Zayn me vió y en la puerta de casa, me cogió la mano para girarme.
Ainhoa- SUELTAME - dije a la vez que me giré de nuevo zaleando el brazo para que me soltase. Seguía persiguiéndome, hablándome, pero yo no le quería escuchar, y cuando por fin se terminó todo, fue cuando le di con la puerta en las narices. Entré corriendo, y me encerré con llave en mi habitación.
No me podía creer que me estuviera haciendo esto, no lo podía creer. Por eso estaba diferente, estaba con esa, ya no le importaba ni yo, ni el bebé, parece ser. Empezó a llamar a la puerta de mi cuarto... Seguramente María le habría puerto la puerta de la calle.
María ya no estaba con Liam, eran solo amigos. María había decidido estudiar, y había pegado un cambiazo impresionante. Llamaba a mi puerta y volvía a llamar. Yo no lo escuchaba. Simplemente, me puse unas orejeras y me tapé con la almohada, ya se cansaría.
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Esta vez, la almohada y los sueños habían tenido parte de culpa en la decisión de irme de Londres. No soportaba acordarme de Zayn abrazando a esa chica. Había hablando con mis padres, y mi padre, mi madre y yo iríamos a Barcelona un tiempo. Por unos meses, los meses para que yo fuese mayor de edad y pudiera vivir sola, con el bebé. Estaréis pensando, "no pensaba en el derecho que tenía Zayn de conocer a su hijo" pues no, no estaba pensando. En realidad en ese instante pensaba, "Zayn no tiene derecho a nada después de esto". Le quería, le amaba, pero si él no me correspondía, ¿de que valía quedarse?.
A María y Aida les estaba totalmente prohibido decir donde estaba o que había pasado conmigo, nada sobre mí a cualquiera que preguntase.
Mis maletas estaban echas, estaban en la puerta despidiéndome de Aida, María, y el pequeño Nathan, mi sobrino. Ahí todo el mundo lloraba, todo. María, Aida y Nathan, vivirían solos un tiempo un tiempo en casa, mientras papá y mamá estaban allí conmigo.
El avión era una tortura.
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Los dolores, bueno, dolores, la tortura, era insoportable. Me retorcía cada vez que el bebé intentaba salir.
Había meditado este mes, y había llegado a la conclusión, de que cuando el bebé creciese un poco, iría a Londres para que Zayn conociese a su hijo/a. Él tenía ese derecho, ¿no? al menos eso. Pero yo no pensaba acercar, por que si lo intentaba, sabía que me iba a acordar de él y esa chica.
Había estado pensando nombre. Y cuando estaba en Londres, Zayn y yo pensamos en que si era niña, se podría llamar Ariana o Valentina, y si era niño, se podía llamar Unai o Zayn, aunque él siempre prefirió cualquier nombre al suyo. A continuación, se verá quien sale de ahí, si Valentina, o si Zayn.
Malditos dolores, que alguien me drogue o haga algo, lo que sea, pero que me quiten este dolor ya de una vez por todas. Yo empujaba y empujaba, pero salía muy despacio, y yo creo que me iba a dar algo.
De un momento a otro, un sonido de una máquina se para, y los médicos se escandalizan, y tienen que intervenir y abrir paso al bebé con un bisturí, aunque a mí no me importa por que no siento nada con este dolor. Consiguen escandalizarme a mí también, y no me querían decir que pasaba. Sentí como estaba vacía, pero no había llanto. Se llevaron al bebé, y no me dejaron ni verlo, aunque yo no estoy para reclamar nada, por que a penas termina el parto, yo me desmayo del cansancio.
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Esa habitación tan blanca me da dolor de cabeza, y a penas acabo de abrir los ojos. Mi madre me está cogiendo la mano y me está tocando la frente.
Me sentía muy cansada, y mi madre estaba preocupada.
Ainhoa- Mamá...- casi susurré.
Mamá- Ainhoa, por fin despiertas, llevas un día y medio dormida- me dijo en tono normal.
Ainhoa- quiero ver a mí bebé.
Mamá- hija, tengo que decirte una cosa, pero todo está bien, ¿vale?- asentí rápidamente.- El bebé, cuando estabas de parto, se le paró el corazón. Pero consiguieron sacarlo con un bisturí y poder reanimarlo. ¿Sí? Está vivo, pero está en observación.
Ainhoa- quiero verle, ¿Qué es?
Mamá- es Valentina, cariño. Ahora vendrá tu padre y nos dirá si puedes verle. Él está esperando a ver que le dice el médico sobre como está y eso.- bufé. Quería ver a mi hija.
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Un rato decía mi madre, un rato, tres horas pasaron hasta que apareció mi padre sonriente.
Mamá- Joan, ¿Qué dicen los médico?- soltó mi madre viendo que mi padre no decía ni mu.
Papá- ahora traen a la niña, la está vistiendo. A sido un susto tonto, ya está bien. Le han hecho todas las pruebas que existen y todo está normal.
Sonreí de alegría pura.
Ainhoa- me siento vacía.
Mamá- todavía tienes mucha tripa. Pero para dentro de tres días habrá desaparecido toda.
Como me ignoraba, madre, como me ignoraba.
Pasó media hora, hasta que vino una enfermera con una bebé preciosa, mi bebé y me la puso en los brazos.
Enfermera- al mínimo problema o cosa rara ahí está el botón de emergencias.- dijo muy borde.
Era preciosa, como las muñecas de porcelana, y tenía mucho pelo, moreno, muy moreno. Los ojos los tenía cerraditos. Tenía unas manos, que eran tan pequeñitas... Era adorable, era mi hija.
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Mi madre tenía razón, y a los tres días, estaba delgada de nuevo. Como si no hubiese estado embaraza. Valentina, gracias a dios, no había tenido problemas, y era una preciosura. Yo estaba bien, y tanto a Valentina como a mí, nos habían dado el alta ya por fin.
Había hablando con Aida, para que le dijese a Zayn que ya había dado a luz, que era Valentina, y que en un mes iría a Londres para que la conociese. Solo eso. Con esas mismas palabras y con esa misma frialdad.

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