Nunca había tenido una vida fácil. Mi madre había sido mamá muy joven, y mi padre, al cual no conocí, la abandonó, nos abandonó cuando supo de su embarazo. Mi madre tuvo que trabajar mucho para mantenerme después de que mis abuelos la echaran de casa, ya que ellos eran muy religiosos, y después de que mi madre no quisiese abortar la dejaron en la calle. Había pasado tantos días sola en casa, que creo que ahora mi mejor compañía era la soledad. Mi madre y yo vivíamos en una casa en las afueras de Londres.
En un viaje que mi madre hizo a España durante su embarazo, mi madre decidió mi nombre, Ainhoa. No era ni soy perfecta, lo se, pero al fin y al cabo, lo perfecto es muy aburrido, ¿no? Mi pelo era castaño claro, mis ojos eran verdes oscuros y los largos tirabuzones destacaban en mi pelo hasta la mitad de mi espalda. Mi peso era normal, y si no calculo mal, medía como 1'65 centímetros. Siempre he sido muy inestable, y lo mismo que un día me gustaba un tipo de música, al día siguiente me gustaba otro. Sobre todo, siempre he sido diferente. No se si será que siempre me ha faltado una familia estable, de estas normales, con un padre y una madre que se preocupen de ti 24h y te dan el coñazo con cada movimiento que haces.
No tenía demasiados amigos, solo me solía juntar con mi mejor amiga, Erica, que iba conmigo a clases. La consideraba una hermana, esa que me hacía tanta falta cuando estaba sola. Ella cumplía años un día antes que yo, y ya que cumplíamos dieciséis años a principios del verano, decidimos pedirles a nuestros padres que nos regalasen un viaje a España. Siempre, desde pequeña, había sido nuestro sueño, ir a España juntas. Y por fin se cumplía. Erica era muy fan del equipo de fútbol español, FCB, yo sinceramente nunca me ha gustado el fútbol, ni nunca me va a gustar. Me gustaba practicar deporte, no verlo, me aburría demasiado. Erica tenía una obsesión insana por el futbolista Jonathan Dos Santos, demasiado insana, tenía a Dos Santos hasta en la sopa. Erica mi kuki. Siempre, desde pequeñas, estaba todo el día "oh que kuki eres" y así sucesivamente. Y por eso se quedó con Kuki.
El viaje era todo el verano, y al regresar, empezaríamos primero de bachillerato. Solo de pensar las palabras "primero de bachiller" me temblaban las piernas. No era demasiado buena estudiando, pero, ¿no vale la pena intentarlo?
El viaje no fue tan bien como me lo había imaginado, no por nada, si no que casi todo lo que vimos fue sobre fútbol. Pero claro, Erica se lo pasó como las niñas pequeñas y yo con era feliz. Nuestros padres vinieron a recogernos al aeropuerto.
Mamá- ¿Cómo te lo has pasado cariño?- me dijo mi madre a la vez que nos subíamos al coche.
Ainhoa- bien, Barcelona es muy bonita.- dije a la vez que me ponía el cinturón.
Mamá- si, lo es. La próxima vez deberías ir al País Vasco, de ahí proviene tu nombre.- dijo a la vez que arrancaba el coche.
Ainhoa- la próxima vez iré, no te preocupes.
El resto del viaje estuvimos calladas, aunque cuando faltaban diez minutos para llegar a casa dijo:
Mamá- hija, las cosas en casa han cambiado.
Ainhoa- ¿Cómo que han cambiado?
Mamá- he conocido a un hombre.
Ainhoa- oh, guai.
Mamá- se que no te gusta que salga con nadie.
Ainhoa- que no, de verdad, que no me importa. Si tu eres feliz, yo también lo soy.
Mamá- ¿enserio?
Ainhoa- enserio.
Mamá- bueno... Y como vive lejos pues se ha mudado a casa...
Ainhoa- oh, está bien. ¿Cómo se llama?
Mamá- Paul, se llama Paul. Tiene treinta y cinco, como yo.
Ainhoa- oh, vale.
Pues bueno, muy bien. No se, no me hacía mucha gracias que viviese con nosotros, por que si tenía que estar cortada en mi propia casa pues no se. Pero negarle el amor a mi madre sería de egoístas, ¿no?
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