Estaba teniendo uno de estos sueños raros en los que me perseguía un calcetín gigante cuando sentí unos labios succionar mi piel de mi cuello con el fin de causar un chupetón en mi blanca piel. Me reí todavía adormilada mientras entrelazaba su pelo con mis dedos. No pensé en como mi pálida piel se vería afectada. Cuando acabó de amoratar mi piel, me dio pequeños beso hasta llegar a mi boca.
Zayn- Buenos días preciosa.- me dijo mientras me estrechaba contra él.
Ainhoa- Buenos días.- le sonreí.
Zayn- Hay que levantarse ya, dormilona.
Me levante amuermada y me estiré. Cogí ropa del armario, me duché y en cinco minutos estaba Zayn tumbado en la cama.
Ainhoa- Vamos para abajo.- dije empujándolo y cerrando la puerta a nuestro paso.
Apenas bajé, conecté los altavoces al móvil para poner la música a todo volumen:
http://www.youtube.com/watch?v=x_JE5KwcMMU
Empecé a hacer cosas raras, a intentar bailar, a cantar y sobre todo, a limpiar. Estaba acostumbrada ha hacer eso por las mañana. Mi madre siempre trabaja y me tenía que encargar yo de la casa. Zayn me miró y me sonrió. Le vi caminar hacía mí a través del salón. Cuando estuvo lo suficientemente cerca mía, me quitó el cepillo.
Zayn- Trae que te ayudo- me sonrió mientras empezaba a barrer con poca gracia y yo me empezaba a reír.- ¿Qué ocurre?- me miró confuso.
Ainhoa- ¿Tú no has barrido mucho en tu vida no?- dije intentando mantener la compostura lo más posible.
Zayn- Es la primera vez que barro- aunque parezca imposible, sus mejillas se ruborizaron, dejando ver a un chico dulce y tímido. Una faceta de Zayn que nunca había conocido. No pude resistirme, así que le besé levemente en los labios y le abracé. Sin comprender la razón de mi abrazo, me correspondió con otro abrazo y incontables picos en los labios.
De un momento a otro, se sintió la puerta de casa. Increible. Ya eran las dos de la tarde y ni me había dado cuenta. Seguimos limpiando y nos hicimos los tontos cuando nuestros padres nos miraron.
Paul- Zayn, ¿puedes venir?- dijo sonrientemente a su hijo.
El chico moreno asintió y fue hacía su joven padre. Mi madre se acercó a mí también sonriente. Pareciamos todos felices.
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